Sir Alsen Bert

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Imprimo: el penoso nombre de autor.

In Diario on 31 enero 2009 at 01:45

No sé ni en el día en que vivo. Suelo fechar estas entradas en el openoffice porque de Word ya no me fío. Y había escrito 27 de enero. No sé en el día que vivo.

Miro en la libretilla los cigarros que llevo hoy, justo hasta este momento, porque después de este momento me voy a encender uno: 17. Llevo diecisiete cigarros. Cuando empecé la terapia mi consumo estaba en veinticinco. En tres días he conseguido reducir casi diez cigarros. El martes nos dan nuevas órdenes. Apunto la hora a la que me lo fumo, la situación y el motivo. Después evalúo cómo me ha sentado. Al día siguiente como deberes tengo que elegir qué cigarros no me fumaré. Y claro, caen los que están suspensos. Joder, los cigarros también suspenden. Me gusta el método, creo que lo voy a conseguir. Con dos cojones, como grita el vulgo.

Bueno, yo había abierto el openoffice para escribir sobre lo que ha escrito hoy Hikikomori al que todo el mundo conoce. Es el hombre que le tiene fobia a los listillos. Yo soy un listillo y por eso no participo mucho en su blog. Me mandaría a la mierda muy pronto. Y no quiero que otro nick me mande a la mierda. Sería el tricentésimo nick que me manda a la mierda. Yo me he peleado mucho por internet por mi aire chulesco pero todo me da igual. En el fondo es eso, es un nick como yo. Yo tengo un nombre real que todos conocéis pero que no revelo aquí. Ruego silencio para quién sepa quién soy yo. Bajo pena de algo que no me acuerdo de qué era.

Yo venía hoy a hablar de un detalle que relata Hikikomori en su última entrada. El openoffice me ayuda a escribir hikikomori porque lo autorellena y yo sólo le doy al enter. Ahora me ha sugerido entendederas pero he cortado en enter. Quería hablar de lo que hace Reig con los folios. Los amontona y le gusta ver cómo se amontonan. Esa idea, esa gilipollez de idea me ha dado pie para a imprimir desde mañana, porque hoy es tarde, todo lo que escriba. Es una manera de conocer qué capacidad de publicación tienes por si algún día una editorial se quiere hacer con los derechos de los escritos de Sir Alsen Bert. Por cierto, si algún día me decidiera a editar algo de lo que tengo lo haría así, con ese seudónimo: Sir Alsen Bert. En el fondo es un favor que le hago a la editorial. Es una manera de promocionar. ¿Quién coño es Sir Alsen Bert? Muchos autores deberían plantearse buscarse un seudónimo porque sus nombres son penosos. Agustín Fernández, por ejemplo. José Sánchez. Diego López. Son ejemplos simples y porque ahora no recuerdo nombres insulsos de autores. Otra cosa: los autores debería suprimirse sus nombres compuestos. Es tan antiestético un nombre compuesto en una portada que de verdad, son cuestiones que deberían plantearse los editores. Juan Carlos Pérez Sutil. Juan Carlos, no me voy a leer tu libro por mucho que te lo reseñe Babelia.

Después hay nombres y nombres. Por ejemplo, y me pilla cerca, Violetera del Prado. Ese es el nombre de una autora que participa en el libro de la portada fea del que habla Hikikomori. Eduardo Laporte también tiene algo de magia. Jorge Salvador es nombre de autor consagrado que por cierto se me acaba de ocurrir. Pero no sé, ese tiene más tizne de editor.

En fin, que la finalidad -redundancia rica- del post era decir que voy a imprimir desde mañana, todo lo que escriba. Yo voy a hacer como Rafael Reig -al que cambiaría el nombre Rafael por el Docente Reig-. Y ahora que lo nombro, me voy a leer este mes un libro de Docente Reig que aún no he leído nada de él y debe escribir bien el gachó éste.

 

Joder, también quería hablar de esto pero me voy a escuchar el Espacio en Blanco, en RNE1.

Cuánta subnormalidad: Aquí

 

 

Escribir de puta pena, o no.

In Diario on 30 enero 2009 at 01:09

Leía ayer que Byron expresaba sin tapujos cualquier cosa que se agitara en su interior, y eso le llevó a un conflicto irresoluble con el mundo. Me detuve en la expresión sin tapujos porque sí, en este mundo coordenado y sumergido en abscisas negras y ordenadas rosas; expresarse sin tapujos es claro síntoma de locura o de entrar en barrena en el mundo que te rodea. O así te califican. Pero cuando el interior hierve, las más de las veces adornamos esas sensaciones, esos sentimientos y esos impulsos con elegidas palabras; es, de una manera u otra, a mí no me lo vais a negar, mutilar la ebullición interior. Otro asunto es disponer de la capacidad para expresar por escrito las burbujas de vapor que esa comezón interior desprende porque describir el movimiento de la silueta que dibuja la sombra de tu cabello al aire sobre tu cuello no es tarea chuminosa; es difícil, muy difícil. Ante ese objetivo, la mayoría se inhibe y sigue tamborileando su marcha existencial como si nada hubiese ocurrido y ahogan sus inquietudes de escribientes entre ruidos de urbanidad consensuada. Un lástima, una puta lástima. Con lo ricos que podríamos ser. Es también, quizás, la explicación del pudor con el que nos dejamos llevar a la hora de escribir aquí, en la red, o en papel impreso. La solución es fácil y consistiría en literaturizar los hechos. De este modo nadie podría pedirnos explicaciones de por qué hemos dicho eso o por qué nos lo hemos callado. Rasgarse la vestidura del pudor nos ayudaría, estoy completamente seguro, a realizarnos mejor y con más plenitud. Yo voy a seguir escribiendo, lo haga de puta pena o con inefable maestría. Son mis hervideros, son mis burbujas, es mi otra existencia.

Por una mierda, o miéchica.

In Diario on 29 enero 2009 at 00:22

Pues aquí estaba. Ella estaba aquí junto a mí hace sólo cinco minutos. Estaba. Ella estaba. Vestida, ella estaba vestida. Y fumaba. Yo no, yo me estoy quitando. Ayer asistí por primera vez a una reunión de terapia de grupo. Llega un momento en la vida que sólo puedes conseguir cosas si te asocias, si te agregas, si te “enrebañas”, si forjas parte del grupo. Quitarse de fumar es una de ellas. Fumo mucho. Sobrepaso el paquete diario de Camel y cuando me quedo sin ellos, de Pueblo. Voy a ser sincero: estoy hasta los cojones de fumar. Lo he expresado de manera procaz pero un Sir puede permitirse estos lujos. Esto le pasa al Sir, no al que escribe esto. Es importante este detalle, es muy importante.

Ella fuma y yo me estoy quitando. Llevo apuntados, sin contar con el cigarro que tengo en la boca sin encender, veinte. Hoy llevo veinte y aún queda parte de la madrugada. Tengo que entregar un artículo en la redacción del periódico que mi príncipe edita, el príncipe Mishkin. Es idiota pero esto, aquí y ahora, no interesa. Que sea idiota es un dato anecdótico. Voy a encender el cigarro. Dos segundos. Ya.

Somos siete en la terapia que ha organizado mi centro de salud. Fumar es algo insalubre. La razón por la que me quito de fumar la voy a revelar el próximo martes en la terapia, cuando tengamos que exponer cuáles son los motivos por los que queremos abandonar el vicio. La mía la tengo clara y la voy a soltar tal y como la pienso: María, psicólogoa rubia, rica moza, yo me voy a quitar de fumar porque desde que nació mi hijo no huelo los pañales que llevan premio. Un pañal con premio es un pañal con mierda de santo. Las heces de los bebés se parecen a los platos de la alta cocina. Corto, no sigo. Sí, esa es la razón por la que voy a dejar de fumar. Llevo sin oler la caca de los pañales de mi hijo siete meses. Y estoy preocupado, muy preocupado. Después ahorraré, mejorará mi salud pero lo que verdaderamente me importa es llegar a oler la cacá de mi bebé. Estoy muy preocupado con este asunto y no es broma. Demasiado preocupado.

Cuando ya lleve dos años, o tres y cuatro años sin fumar diré sin vergüenza: “Yo me quité de fumar para oler los pañales de mi bebé”. Fumar te inhabilita para oler de verdad. No hueles nada y eso me jode tremendamente porque me considero un hombre muy de olores. Tengo tal memoria olfativa que me estremezco. Soy capaz de situar un perfume en el tiempo y en el cuello de una zagala. Es fácil, para mí es muy fácil. Así también sería capaz de orientarme en una ciudad conocida por el olor que desprende cada calle. Yo me hago estas pruebas, por si algún día me quedo ciego, Dios no lo quiera. El cielo tampoco.

 

 

Fabricando gilipollas

In Diario on 27 enero 2009 at 00:11

Me he borrado de Facebook porque ya parecía el descansillo de las escaleras de mi comunidad cuando hay reunión de vecinos. Facebook es un asco. Permanezco como latente, como recesivo porque no te borran. Estos cabrones no te borran. No voy a perder el tiempo en enviarles un mail explicándoselo todo. Mira que si se presentan en la próxima reunión de vecinos. Yo me muero de vergüenza.

Facebook es el colmo del fisgoneo. Es el sueño de cualquier hurguete. Facebook es para meticones, y para maricones, supongo. Tú no entras ahí para recuperar amigos. Tú entras ahí para ver cómo le va al gilipollas del compañero que tenías en 4º de E.G.B. Y compruebas que se ha hecho del Opus Dei. Y ves cómo el que alardeaba en 1º de B.U.P. frente a los amigos con expresiones tales como “eso es más fácil que follar mozas”, se ha hecho cura en Navarra. Porque yo lo sé, a mí me lo han contado. En Navarra si te vas a estudiar una carrera tienes más puntos porcentuales para que te aborde alguien del Opus Dei y te convenza de lo maravilloso que es ser del Opus Dei. Yo fui del Opus Dei pero durante la carrera se me puso por delante una brava moza que lo tiró todo al traste. A Dios gracias. Yo le digo aún a Dios gracias. Es más, se lo digo con unas preces escrupulosas en dos o tres idiomas; como mínimo en tres: francés, ruso y gaélico. Ah, y en latín.

Decía algo de Facebook. Que eso, que me he borrado porque me repugna saber aspectos de la vida de los demás que no me lo han contado mientras tomábamos una cerveza, o un whisky o nos pedíamos condones porque se nos habían olvidado en casa. Además, lo que más lamento es que por cada minuto que he pasado ahí haciendo el gilipollas, he perdido la oportunidad de leer una página de un libro. En un minuto se lee por lo menos una página. Yo leo rápido porque me he entrenado. Yo entreno mi velocidad lectora. Tiro los libros al aire y compruebo cuantas palabras soy capaz de leer y memorizar. Es divertido. Me divierto mucho haciendo esto con mi hija Claudia. Ella me gana siempre. Ella me gana siempre a las parejas de memoria. Ella no es superdotada pero me gana siempre. Espero que no dé con un gilipollas que tenga cuenta en Facebook o en Tuenti que es más para pijos.

Facebook es para las empresas. La gente no se ha dado cuenta aún. De aquí a nada toda multinacional que se precie, toda empresa por muy pequeña que sea tendrá ahí su perfil con el fin de hacerlos ricos. Yo estoy hasta los cojones de hacer rica a la gente a costa de mi tiempo. Y más ahora que dicen que van a contratar a los ingenieros que Google ha echado. La gente va a dejar de leer, joder, y eso me preocupa. La gente es gilipollas y no sabe enfriar cervezas en cinco minutos. Yo sí, yo enfrío cervezas en cinco minutos, Violetera.

¿Vosotros no? ¿Vosotros no estáis hasta el higo de hacer rica a la gente que va en coches de alta gama y en vuelos privados? Joder, yo sí.

Qué gilipollas.

Soñar con francesas

In Diario on 25 enero 2009 at 23:59

Me hubiese gustado ser el creador de este texto, yo, Sir Alsen Bert. Pero no he sido yo. Y tengo que joderme.

Entre francesas se hablaba del “beso irlandés“, que consistía en que el varón metía la lengua en los orificios de la naricita de la delicada hija de Francia. Es curioso que, en cambio, el irlandés repugnase el beso en una zona erótica tan acreditada como la oreja; meter la lengua ahí fue conocido como el “beso del flamenco“, gente que, como se sabe, en tiempos licenciosos no concebía el goce amoroso sin la risa y el besuqueo en la oreja a las más se la provoca. Una especialidad irlandesa en el coito era el no desnudarse de cintura para arriba, como dicen que hacían también los suizos, y esto era porque creían que no había cosa peor que enfriarse mientras copulaban. El irlandés siempre se sorprendió de la facilidad con que se desnudaban los franceses y las fracesas cuando se iban a la cama, y no palmaban. Parece demostrado que al irlandés no le gustaron mucho las españolas, y por medio de jesuitas y de canónigos, vista la piedad que demostraban, se casaban con ricas señoras; en Salamanca, en León, en Galicia, en Toledo… En Galicia los O´Shea, los O´Farrill, algún Kirpatrick… Pero no se corrían grandes juergas de las plazas militares del Rin, del Mossa, del Mosela, del ducado soberano de Sedán… Se advertían unos a otros los irlandeses: “lo más deleitoso de las francesas son sus grititos, que previsoramente les enseñan sus madres, haciéndoles retozar desde la más tierna edad con primitos o amiguitos de la familia”. Pero cuando el irlandés regresaba a su isla, no se atrevía a pedir grititos a su mujer y andaba siempre irritado añorando el placer de antaño. Además, había la diferencia de los colchones, en Francia de pluma y en Irlanda de crines.

Álvaro Cunqueiro en La bella del dragón. De amores, sabores y fornicios.

Las perras de la comarca

In Diario on 23 enero 2009 at 23:59

Es 23. Hasta ahora estoy escribiendo cada dos días. No está mal. Hoy va a ser un post de expresiones. Quien acierte de quién son, tiene asegurada mi identidad. Esperad, antes voy a probar si Google arroja la respuesta. Si la arroja, no voy a tolerar que me toméis por un gilipollas. Bien, bien, Google no llega a Dios todavía. Es un semidios. Que se joda. Me gusta esta expresión. Retoma la procacidad con la que me he caracterizado siempre. Dicen que es un recurso sencillo, ése, el de la procacidad. Pues que le den por culo quién lo diga. A mí me da igual. Como esto no es literatura puedo escribir como me dé la gana. He dicho que era post de citas. Aquí están. Hay premio, seguro. Aunque es tan fácil que…

1. Y lucían los bastardos, como Shakespeare quería, “hijos de la lujuria y el amor”, que no como los otros, los legítimos matrimoniales, “de la rutina y el insomnio nacidos”.

2. También creían que los años se iban por el oeste, por encima de las olas del Océano Tenebroso, a perderse, entre las enormes bestias, en sus abismos.

3. Los años Piscis son años propicios al nacimiento de monstruos, humanos escamosos, niños con dos cabezas que cuando rompen a hablar por una boca hablan una lengua y por la otra, otra diferente.

4. Las perras de la comarca se dejaban querer por el aristócrata canino francés, al que nunca se le borró de la piel el perfume de la condesa, su antigua dueña. Nada más. Buenas noches.

Julia acuesta a la luna

In Diario on 23 enero 2009 at 00:32

Julia, como de vino y betún. Julia se dejaba catar y Julia se untaba sobre las rebanadas para mojarla en la leche. Julia era peculiar. Peculiar. Escribo peculiar porque Julia comía dos días a la semana un plato de moscas. Después, salía volando. Cunqueiro lo escribía mejor. Cunqueiro dice que los demonios también comen moscas en platos de color amarillo. Cunqueiro no dice lo de los platos de color amarillo, eso lo digo yo. O Julia. Los demonios no duermen tampoco, asegura Cunqueiro. Los demonios comen moscas y trastabillan a la gente, y a las mujeres. Julia trabaja de cuarto creciente a cuarto menguante. Cuandon no hay luna Julia ovula. Necesita ovular como mujer que es. Eso no puede extirparlo. A Julia no le gustaría ovular pero ovula. Todas las mujeres en general deberían parecerse a Julia en particular. Los autores de los cuentos rusos no suelen usar el nombre de Julia para connumerar a los personajes. A los rusos les importa tres pimientos y dos cojones que sus personajes no lleven el nombre de Julia. A mí sí me importa. Julia no es un nombre bonito pero es el nombre perfecto para la mujer que no duerme durante las noches donde la luna está. La luna está. Julia acuesta a la luna. Pero la luna está alumbrando la noche ahora.

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