Volverse chiflado de tanto mirar a la arena o de tanto mirar a la gente. Tú te puedes volver gilipollas de tanto mirar a la gente, de escudriñar cómo mueven los dedos de las manos izquierdas y cómo las mujeres, sólo las mujeres porque me chiflan las mujeres, vapulean sus traseros. El trasero desconozco si se vapulea o no. No lo he consultado. Tú o él. Y yo, ¿por qué no?
De tanto mirar nos volvemos gilipollas. Cuando mañana salga a la calle no voy a mirar a nadie a la cara que es donde se fija uno cuando va por la calle y se encuentra con otro que también te mira no se sabe porqué causa. Cada día me molesta mas que me miren. A mi amigo Tomás le sucede lo mismo. Lo dañino que él tiene es que si va por la calle y no le gusta cómo le mira alguien él no se lo piensa: le suelta una hostia y andando. Tomás es así de clasista, racista e hideputa. Tomás, como mi amigo Rodrigo va dando hostias por la calle porque miden mucho y tienen espaldas anchas como de matones de discoteca y les da igual todo. Yo ya les he denunciado pero como son mis amigos me siguen buscando los fines de semana. Son cuerpos, pobrecitos.
De tanto mirar a los demás perdemos nuestro encanto. Esto es una verdad tan verdadera como las de Yoigo. Tan verdad verdadera que llevo medio mes sin inspirar humo y expirar humores.
Me voy a leer hasta las y treinta. Ya no puedo pasar ningún día sin pluma, sin papel y sin puta lectura. Peor que el tabaco.
Estoy reelaborando mi curriculo -dice que no lleva tilde porque es palabra en latín y yo me lo creo-. He de subirlo algún día aquí para que os riáis un rato. Soy licenciado en Escatología Aplicada y tengo un máster en edición que me abrirá las puertas a, no sé, ya no lo sé. Habrá que cambiar de estrategia y focalizar los esfuerzos en rodar entre los engranajes de alguna máquina editorial durante algún tiempo antes de dar el gran salto.
“De tanto mirar a los demás perdemos nuestro encanto”(de ahí las gafas de sol de Jack Nicholson), aunque yo creo que los observadores tienen su encanto, siempre en función de sus observaciones…
y las de Serafín Zubiri
Sir, no te preocupes por lo del culo y si se vapulea o no. Se ha entendido perfectamente y aun me dura el efecto risil.
Saludísimo.
Y los saltitos en la acera, y el acordeón del Zubiri. Jaume, es que me entró la duda, jeje.
Saludos a los tres.
Pues el efecto es graciosísimo. Es como cuando un amigo mío se inventó la expresión “sacar a colofón”. Aún nos estamos riendo.
¿Mañana más?
muy bueno. por qué nos mirarán tanto por la calle, que buscaremos? el misterio de las ciudades, las miradas, las calles.
un abrazo desde el Perú,
ERre!