Sir Alsen Bert

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Jordi, queda usted enlazado

In Respuestas on 8 febrero 2009 at 12:41

No escribo bien, Jordi. Sé que aún no escribo bien. Y no escribo bien porque mi finalidad no es escribir bien sino muy bien. Este blog es continuación del que tuve hace mucho tiempo y en el que no sólo hablaba de gilipolleces y yoeces sino de personajes con graves taras morales, miserables seres humanos todos desgraciados y con propensión al suicidio.

Escribo aquí para recoger lo que rebose del vaso. Es la única manera que he encontrado para fraguar la palabra, las expresiones, la sintaxis, los modos, la vida. Lo que aquí lees no es realidad. Si te ha parecido realidad me enorgullezco por ello. Omni homo mendax. Todo, todo hombre es mentiroso cuando escribe. Aquí hay muy poca realidad aunque parezca que existe. Mendax, mendax, viva lo mendaz.

Olmos, Alberto Olmos. He de reconocer que es un autor que he descubierto recientemente. Tiraría todas sus obras a la basura menos la primera, la de naufragio. Esa obra me hizo reflexionar. Esa obra supuso un punto y aparte en mi forma de ver la narrativa a la que quiero llegar. Una segunda persona poderosa, un autoyó, y yoyó que me fascina puesto en boca y dientes de otro, tú, tú, tú, la segunda persona. Vivencias exacerbadas, descripciones del otro, situaciones y pensamientos. Olmos algún día explotará.  

Sí, estas entradas son ejercicios personales, es grifo que tira cerveza para digerirla. Después releo todo, corrijo todo pero a oscuras del público y colecciono folios manchados en primera, en tercera y en omnisciente.

Me ha gustado tu comentario. Al Sir hay que ir con verdades porque si no anda jodido durante semanas.

Jordi, he convertido la respuesta a tu comentario en la entrada No sé titular un post en otro post. Esto también me gusta.

Necesito ahora, escribir todos los días, sea bueno, sea pésimo u óptimo –que es un superlativo- o tibio. La razón es esa, la escritura misma aunque con ella no llegue a nada, no hable de nada y no signifique nada. Bueno sí, es puro entrenamiento que hago público y lo convierto en entrada para blog. Pero después existe el éxodo que de mi escritura hago en silencio, a ritmo de horas de madrugada y lupa siralsenbertiana.

Jordi, queda usted enlazado.

Me voy a tomar una caña a su salud. 

 

Helo aquí, Violetera

In Respuestas on 7 febrero 2009 at 00:24

Violetera, llevas toda la razón. Un Sir no puede permitirse el lujo. No escribir es un lujo, no emborronar con tinta y con golpecitos de teclado de ordenador un folio en blanco o una representación de un folio en blanco en la pantalla de un ordenador es mucha fastuosidad para un día. Fastuosidad cacofona aquí pero da igual, sigo.

Llevas razón, Violetera. Hoy he rescatado la anotación de hace algunos días: escribiré todos los días. Estaba escrita a lápiz. Metí la tarjeta en los vaqueros. De tanto sentarme y levantarme a lo largo del día la tinta se corrió, se deshizo, se emborronó y desapareció. Todo un esfumato.

Ahora he vuelto a coger otra ficha y con bolígrafo negro he escrito: escribiré todos los días. Pero bueno, yo hago escritura todos los días. Hago escritura íntima, privada. No hago literatura. La literatura es pública y mi escritura es privada. Hasta que no emborrache a algún editor muerto de hambre mi escritura no será literatura. Aún no he publicado nada –mentira- pero toda esta semana me la he pasado escribiendo ciento veintitrés principios de novela distintos, claros y distintos. Muy racionales ellos, como muy pulcros, muy repipis, pura mierda, vamos. Escribiéndolos y tirándolos. Pegándoles fuego, encendiéndome cigarros con ellos, mis últimos cigarros, dándoselos a mi hija para que en el reverso me hiciese un dibujo de muñecos de cabezas triangulares, cortándolos con las tijeras para hacer manteles para sus muñecas, quitándomelos de la vista. El último ha sido este. Espera, rescato el folio de la papelera de plástico gris que tengo debajo de la mesa: A ver, dos segundos. (¿Me enciendo el noveno cigarro?). Ya. Está muy arrugado: Como una vez dijo Lowry, el espíritu humano florece a la sombra del matadero.

No es un buen comienzo para una novela pero es un comienzo. No va a ser editado porque ya lo he revelado y sí, también creo en esa estúpida superstición que tienen algunos escritores: si quieres ver publicados tus escritos, no hables de ellos. En el fondo es una gilipollez. Ahora hasta se editan blogs. José Antonio Millán tiene un par de ellos editados por Melusina, creo.  Hikikomori, me acabo de enterar porque me ha contestado en los comentarios, tiene a cuatro editores detrás de él para editarle el blog del malherido que sangra: Juan sangra. Yo se lo iba a decir a un amigo mío que sabe de edición y que tiene una editorial muy bien montada y funcionando pero como quiero a mi amigo mucho, no se lo voy a decir porque no soportaría ser el quinto editor que aspira a editarle a este gachó el blog malherido. Aunque como dice el refrán, no hay quinto malo. Hala, pues que eche a suertes a qué editor le dará el blog. Espero que lo hagan bien. Es bueno ese blog, ¿verdad? Una pena que esté esperando la foto de una zagala en pelotas para seguir escribiendo. Como esperar a que, no sé, soy muy malo para esto de las comparaciones gratuitas.

Voy acabando. Tengo setecientas palabras escritas para un concurso literario. Piden menos de setecientas. Yo les he escrito seiscientas noventa y nueve. 699. Me presentaré con el pseudónimo Nux Vomica. Siempre lo hago con el mismo. Nux Vomica es una nuez de la que se extrae la estricnina. A mí me gusta mucho el nombre para nombrar alguna revista literaria. Me gusta la literatura pero no la que hay ahora. Ahora hay mucho mariconeo literario. Escribir mariconeo literario no es decir nada. No significa nada escribir mariconeo literario. Hoy parece que sólo pueden hablar de escritura los escritores puros y duros. Los aspirantes, los escribientes nos tenemos que callar porque como no tenemos nada editado sólo nos queda y quedaría poner el orto para que se nos meta por ahí el diablo. Yo tengo un corcho de varios centímetros de grosor. Por si es verdad eso del demonio.

Bah, soy un puto resentido. En el fondo estoy resentido porque tengo el síndrome. Tengo un síndrome pero no quiero exponerlo aquí. Exponer aquí mi síndrome significaría crear palabrería barata y afeminada. Yo soy muy viril, yo soy todo un Sir muerto de hambre, ahora de frío, célibe a la fuerza y a ratos, y obsesionado, eso, obsesionado. Por eso escribo esto, por eso le contesto a Violetera con un post, éste, porque soy así. Yo lo digo siempre, aunque una vez ya lo dijo Beckett (del que Hikikomori dice que no ha leído nada –qué fuerte-):

 

No querer decir, no saber lo que se quiere decir, no poder decir lo que se cree decir, y decirlo siempre.

 

Con esta frase hay que acostarse. Yo me acuesto con esta frase porque me la sé de memoria. Beckett es otro dios. Si fuese de verdad Dios no sería dios, sino Dios. Hay muchos dioses literarios. Como peras en un peral, o granitos en un dedal de arena.

Imprimamos el post, cerremos el portátil y hasta mañana, amigos. He aquí el folio manchado, Violetera.

(Aún no he encendido el décimo cigarro. Pero lo encenderé, juro que lo encenderé)

Agua, voltios y despartideros

In Respuestas on 3 febrero 2009 at 01:02

Hoy fumaba en la cocina. Empezar así el post es perder ahora y ya un lector para el resto de la entrada. NáuGrafo ha dejado de leer. Vendrá mañana, supongo. Decía que hoy fumaba en la cocina mientras me tomaba un café y escuchaba a lo lejos los arrumacos que una zagalilla le hacía a un zagalillo. Fumaba como siempre he fumado. Que fume menos ahora -hoy sólo llevo once- no significa que fume de manera distinta. Fumaba en la cocina y escuchaba cómo el grifo del lavadero goteaba. He calculado la cadencia: dos gotas por minuto. Y he pensado porqué hoy ha empezado a gotear el grifo cuando nunca hasta hoy lo había hecho. Son futilidades, estos pensamientos son futilidades que se producen en el cerebro cuando fumas, y cuando no fumas. Me he respondido: el grifo gotea porque el pantano del que se abastece está rebosando. Y han abierto las compuertas, y giran las hélices que ahora, producen electricidad. Yo, a mi padre, que es Perito Industrial, de pequeño le preguntaba cómo el agua podía producir luz. Yo sólo me quedé con aquéllo de la hélice que se movía gracias al agua. A mí me parecía fantástico, casi sobrenatural que el agua, mediante una hélice produjese luz, electricidad, voltios.

Todo rebosa. El grifo, el pantano, la luz que se acumula en baterías de condensadores, en trafos de cuatro toneladas. Todo rebosa. Y cuando todo rebosa siempre existe otro recipiente que recoje lo que rebosa. No sé a dónde voy. Será la falta de tabaco, NáuGrafo. Tú, ¿qué dices?

Escribo mucho. Últimamente escribo demasiado. Nunca hasta ahora había escrito tanto. Reboso. Estoy rebosando. Lo que aún no he averiguado es dónde va a parar tantas palabras rebosantes. Y en esas estoy, averiguándolo. Mientras, a Dios gracias, no doy ni pizca de importancia a lo que pueda formarse con esa espuma que se ha desparramado del vaso. Pienso que este rebosamiento se va a convertir en un despartidero. Y tendré que tomar una decisión. Pero tampoco sé cuál va a ser. Soy del todo o nada.

Porque te has quitado de fumar, NáuGrafo, que si no, te pedía tu dirección y te enviaba un cigarro para que te lo fumases a mi salud.

Ha vuelto a caer otra gota. Voy a por el destornillador para apretar el tornillo del agua fría. Todo se soluciona aprentando.

Y alguien tose. La noche se espera también rebosante de insomnio.

 

 

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