Violetera, llevas toda la razón. Un Sir no puede permitirse el lujo. No escribir es un lujo, no emborronar con tinta y con golpecitos de teclado de ordenador un folio en blanco o una representación de un folio en blanco en la pantalla de un ordenador es mucha fastuosidad para un día. Fastuosidad cacofona aquí pero da igual, sigo.
Llevas razón, Violetera. Hoy he rescatado la anotación de hace algunos días: escribiré todos los días. Estaba escrita a lápiz. Metí la tarjeta en los vaqueros. De tanto sentarme y levantarme a lo largo del día la tinta se corrió, se deshizo, se emborronó y desapareció. Todo un esfumato.
Ahora he vuelto a coger otra ficha y con bolígrafo negro he escrito: escribiré todos los días. Pero bueno, yo hago escritura todos los días. Hago escritura íntima, privada. No hago literatura. La literatura es pública y mi escritura es privada. Hasta que no emborrache a algún editor muerto de hambre mi escritura no será literatura. Aún no he publicado nada –mentira- pero toda esta semana me la he pasado escribiendo ciento veintitrés principios de novela distintos, claros y distintos. Muy racionales ellos, como muy pulcros, muy repipis, pura mierda, vamos. Escribiéndolos y tirándolos. Pegándoles fuego, encendiéndome cigarros con ellos, mis últimos cigarros, dándoselos a mi hija para que en el reverso me hiciese un dibujo de muñecos de cabezas triangulares, cortándolos con las tijeras para hacer manteles para sus muñecas, quitándomelos de la vista. El último ha sido este. Espera, rescato el folio de la papelera de plástico gris que tengo debajo de la mesa: A ver, dos segundos. (¿Me enciendo el noveno cigarro?). Ya. Está muy arrugado: Como una vez dijo Lowry, el espíritu humano florece a la sombra del matadero.
No es un buen comienzo para una novela pero es un comienzo. No va a ser editado porque ya lo he revelado y sí, también creo en esa estúpida superstición que tienen algunos escritores: si quieres ver publicados tus escritos, no hables de ellos. En el fondo es una gilipollez. Ahora hasta se editan blogs. José Antonio Millán tiene un par de ellos editados por Melusina, creo. Hikikomori, me acabo de enterar porque me ha contestado en los comentarios, tiene a cuatro editores detrás de él para editarle el blog del malherido que sangra: Juan sangra. Yo se lo iba a decir a un amigo mío que sabe de edición y que tiene una editorial muy bien montada y funcionando pero como quiero a mi amigo mucho, no se lo voy a decir porque no soportaría ser el quinto editor que aspira a editarle a este gachó el blog malherido. Aunque como dice el refrán, no hay quinto malo. Hala, pues que eche a suertes a qué editor le dará el blog. Espero que lo hagan bien. Es bueno ese blog, ¿verdad? Una pena que esté esperando la foto de una zagala en pelotas para seguir escribiendo. Como esperar a que, no sé, soy muy malo para esto de las comparaciones gratuitas.
Voy acabando. Tengo setecientas palabras escritas para un concurso literario. Piden menos de setecientas. Yo les he escrito seiscientas noventa y nueve. 699. Me presentaré con el pseudónimo Nux Vomica. Siempre lo hago con el mismo. Nux Vomica es una nuez de la que se extrae la estricnina. A mí me gusta mucho el nombre para nombrar alguna revista literaria. Me gusta la literatura pero no la que hay ahora. Ahora hay mucho mariconeo literario. Escribir mariconeo literario no es decir nada. No significa nada escribir mariconeo literario. Hoy parece que sólo pueden hablar de escritura los escritores puros y duros. Los aspirantes, los escribientes nos tenemos que callar porque como no tenemos nada editado sólo nos queda y quedaría poner el orto para que se nos meta por ahí el diablo. Yo tengo un corcho de varios centímetros de grosor. Por si es verdad eso del demonio.
Bah, soy un puto resentido. En el fondo estoy resentido porque tengo el síndrome. Tengo un síndrome pero no quiero exponerlo aquí. Exponer aquí mi síndrome significaría crear palabrería barata y afeminada. Yo soy muy viril, yo soy todo un Sir muerto de hambre, ahora de frío, célibe a la fuerza y a ratos, y obsesionado, eso, obsesionado. Por eso escribo esto, por eso le contesto a Violetera con un post, éste, porque soy así. Yo lo digo siempre, aunque una vez ya lo dijo Beckett (del que Hikikomori dice que no ha leído nada –qué fuerte-):
No querer decir, no saber lo que se quiere decir, no poder decir lo que se cree decir, y decirlo siempre.
Con esta frase hay que acostarse. Yo me acuesto con esta frase porque me la sé de memoria. Beckett es otro dios. Si fuese de verdad Dios no sería dios, sino Dios. Hay muchos dioses literarios. Como peras en un peral, o granitos en un dedal de arena.
Imprimamos el post, cerremos el portátil y hasta mañana, amigos. He aquí el folio manchado, Violetera.
(Aún no he encendido el décimo cigarro. Pero lo encenderé, juro que lo encenderé)